viernes, 1 de diciembre de 2006

Solidaridad. Una urgencia de nuestro tiempo.

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Los inmigrantes hemos padecido de distintas maneras el tener que enfrentarnos a una realidad que en muchos de los casos nos es adversa. El abandono de nuestras familias en nuestros países de origen, es un dolor que poco a poco se va convirtiendo en el sueño de verla reunida, El éxodo a través de la frontera, con todas sus agonías y miedos, es parte de ese recuerdo que ahora se comparte con los seres queridos. Los retos cotidianos de buscar y encontrar trabajo, de conseguir un lugar donde vivir y donde nuestros hijos vayan a la escuela, de proveer los medios necesarios para que nuestras familias sobrevivan tanto aquí como allá, no son fáciles. Nada es fácil. Todo es una lucha por nuestra supervivencia.

Y es esa lucha por la supervivencia la que nos llama a luchar unidos. Ya no se trata de ver los problemas de los demás como problemas ajenos. ¡No!. Por el contrario, la realidad nos enseña que el problema ajeno es tan sólo un pequeño componente de todos los problemas que la comunidad enfrenta. Y no sólo de la comunidad inmigrante. ¡No! Porque en esta realidad hay muchos problemas que afectan a diferentes sectores de la sociedad, que sólo pueden ser resueltos con la participación de todos.

En el Comité Latino nos hemos propuesto organizar a la comunidad inmigrante y formar líderes y liderezas que sepan interpretar los problemas de la comunidad y responder a ellos. Esa tarea nos llama a ser solidarios con nuestros hermanos inmigrantes que hoy por hoy se encuentran en un limbo legal al no existir una ley justa que los proteja. La tarea no es fácil, debemos comenzar por elevar los sentimientos de solidaridad entre nosotros mismos y vernos todos como hermanos. Debemos apartar las diferencias que nos pueden dividir y buscar y fomentar todo aquello que nos conduzca a la unidad. En esta lucha, todos necesitamos de todos.

En dos de los talleres que hemos realizado, hemos tenido la presencia de Luis Díaz y su hija Jenny; ellos son víctimas de lo injusto del estado actual de las leyes de migración. Es una familia de inmigrantes que huyó de las condiciones precarias de seguridad que existían en Guatemala, su país de origen, y quienes después de más de diez años de solicitar asilo en este país, ven su caso denegado. Esa familia representa por ahora el destino de más de 14 millones de indocumentados si no actuamos luego. El tiempo se nos está acortando y debemos actuar con rapidez.

Ahora la familia Díaz, está separada, y nosotros debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para verlos reunidos de nuevo. Al mismo tiempo debemos evitar que este tipo de casos se sigan dando. ¿Y cómo vamos a lograrlo? A través de acciones de solidaridad tanto hacia esta familia como hacia todos aquellos indocumentados que no pueden defenderse por ellos solos. Este es un trabajo de solidaridad urgente y necesario y solo lo lograremos con una comunidad organizada y consciente de sus deberes y de sus derechos.

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